Archivo de la etiqueta: gótico

ROMÁNICO, GÓTICO y CANTO GREGORIANO

PROLOGO

En los siete capítulos que siguen, se esboza una idea de carácter personal, en relación al origen y evolución de los estilos arquitectónicos, conocidos históricamente como “Románico y Gótico”. La idea central que desarrollan, se basa por un lado en los conocimientos profesionales como arquitecto, pero también se debe a una pretensión de llegar a establecer conclusiones verosímiles, sobre algunos aspectos de las circunstancias y el momento histórico, en los que se desarrolla esta arquitectura.

800px-San_Miguel_de_Lillo-Oviedo

Con el fin de aclarar a qué me refiero con esos “aspectos y circunstancias”, me gustaría destacar que los conocimientos que se transmiten habitualmente, sobre esta materia, responden a un esquema de carácter “histórico” que por tanto se apoya en hechos contrastados objetivamente, como son naturalmente los propios edificios, pero también otras referencias y relaciones documentadas que pueden acreditar un desarrollo temporal de acontecimientos, que luego se estructura de una forma ordenada a través de la disciplina de la “Historia”. Posteriormente con esos conocimientos recopilados, se elabora una síntesis ordenada que es la que se formula y transmite de forma didáctica, pero naturalmente en base a un consenso o acuerdo general de carácter académico, respecto al contenido.

Dentro de este esquema “histórico”, el margen para establecer unas causas y motivos sobre los acontecimientos, bordea enseguida los límites de la propia disciplina de la “Historia”, ya que se empiezan a hacer interpretaciones claramente “subjetivas”, susceptibles de contener sesgos interesados, que con cierta frecuencia son de índole política o proselitista, como han puesto de manifiesto durante los años recientes los nacionalismos u otros tipos de localismo más o menos paleto. En cualquier caso esa parte “interpretada” sobre los acontecimientos, facilita considerablemente una síntesis mucho más didáctica, porque añade una estructura con cierta coherencia sobre unos acontecimientos escuetos, que los hace más fáciles de relacionar, evocar y en última instancia, asimilar.

Volviendo al campo de la historia de la arquitectura, los estilos románico y gótico, se han establecido de forma académica, como capítulos claramente separados, ya que presentan unas características en cuanto a sus propias formas y estética, muy diferentes entre sí. No obstante el desarrollo temporal de ambos estilos es consecutivo, ya que el románico se desarrolla desde los comienzos del siglo XI, alrededor del año 1.000, hasta la segunda mitad del XII, entre los años 1.150 a 1.200. El gótico, comienza a manifestarse a mediados del XII y se prolonga hasta bien entrados los siglos XV y XVI, dependiendo bastante de cada zona geográfica, y sobre todo de la mayor o menor rapidez con la que se implantan las nuevas ideas del “Renacimiento”.

S_Isidoro_MF

Ese esquema histórico, presupone implícitamente que los cambios entre un estilo y otro, a la hora de construir nuevos edificios, se basarían en una evolución natural de la propia sociedad. Estamos en la época de la baja edad media, con unos niveles bastante notables de prosperidad y desarrollo social, que generan la aparición de los “burgos” como nuevos asentamientos urbanos dentro de las ciudades y los “gremios” dentro de la organización social de su población.

De acuerdo con este esquema, que podríamos llamar “académico”, los cambios de estilo en la construcción de los nuevos edificios, deberían tener su origen, en una forma diferente o evolucionada, de entender el propio edificio que se quiere construir, y por tanto la utilidad del mismo o incluso su “representatividad”, lo cual daría lugar supuestamente, a que los maestros constructores (arquitectos de la época), o bien los promotores de los edificios, como cabildos eclesiásticos, nobleza o incluso las monarquías, pensaran, dibujaran, diseñaran o bien planificaran un repertorio de “formas” completamente distinto del anterior. No hay más que evocar la diferencia entre los arcos ojivales del gótico y los de medio punto del románico, o bien las ligeras bóvedas de nervios, respecto a las pesadas de medio cañón.

San-Facundo

Dentro de este esquema histórico de carácter general, me gustaría llamar la atención sobre algunas contradicciones aparentes y otras circunstancias destacables, que a mí personalmente me han servido para hilvanar la línea argumental tan poco “académica” que voy a desarrollar en los siguientes capítulos.

  1. En primer lugar quiero destacar la enorme diferencia que hay entre el número de edificios que se construyen en esta época, con respecto al periodo inmediatamente anterior. En la etapa histórica que va del siglo sexto al décimo, en un ámbito como España, apenas se pueden contar poco más de una docena de edificios, y sin embargo en el periodo románico que apenas cubre dos siglos, o sea la mitad de tiempo, se cuentan por centenares solo en la mitad norte de la península, y aunque ampliásemos el marco territorial a toda Europa, esa proporción se mantiene igualmente.
  2. También quiero mencionar la contradicción aparente que supone la presencia simultánea de las dos catedrales de Salamanca. Se trata de dos edificios completos, perfectamente acabados y colindantes que de hecho comparten uno de sus muros laterales, además de la torre del campanario. Se identifica la primera como “la vieja”, románica y pequeña, y la segunda como “la nueva”, gótica y enorme. Llama la atención el hecho de que no hayan tenido ningún procedimiento de sustitución o reemplazo, no solo con la demolición del antiguo edificio que podría haberse mantenido por su propio valor y calidad intrínseca, sino tampoco al nivel simbólico de su propia “denominación”, como cabría esperar si las catedrales fueran edificios concebidos y realizados con una función primordial de “representatividad”, vinculada a un cierto nivel de autoridad o jerarquía eclesiástica, tal como se manifiesta frecuentemente desde la formulación académica de la historia.
  3. ConjuntoLa mezquita de Córdoba constituye otra referencia muy singular, ya que la ciudad de Córdoba es reconquistada y ocupada a mediados del siglo trece por las tropas del rey de Castilla, poco después de la batalla de las Navas de Tolosa que marca el punto de inflexión en el declive del poder musulmán sobre la península. Ese edificio actualmente alberga la catedral de Córdoba, pero la edificación que identificamos como tal, no se construye hasta bien entrado el siglo quince, lo que supone un intervalo de doscientos años al menos, desde que los “cristianos” ocupan y comienzan a utilizar esta mezquita como “catedral”, hasta que abordan la construcción de un edificio específico, el cual en todo caso queda perfectamente integrado y en continuidad física con el resto del recinto. La nueva construcción solo altera algunos módulos centrales, para ubicar los alojamientos del “coro” y el “altar mayor”, y reemplaza algunos soportes con los muros necesarios para sostener el sistema de arcos y bóvedas que configuran los volúmenes de la edificación añadida, incrementando notablemente la altura del recinto en esa parte.BovedaNervios_1
  4. También hay otras circunstancias en el comienzo de esta etapa, hacia finales del siglo X, que quiero destacar, ya que pienso que tienen una incidencia notable. Una de ellas es la gran proliferación en esta época de monasterios y abadías, formados por “órdenes religiosas” que se apoyan en la regla de San Gregorio resumida en la conocida frase “ora et labora”, que da lugar a una organización peculiar de la vida cotidiana dentro del monasterio, estableciendo los “momentos de oración” con arreglo a los intervalos de las horas canónicas, que se hacen siete veces a lo largo del día de forma sistemática. Conjuntamente con estos nuevos monasterios y probablemente a través de una sinergia mutua muy acusada, se configura el Camino de Santiago como una peregrinación espontánea y numerosa de gente común, hasta la tumba del apóstol, cuyo descubrimiento localizado en esa época, genera una tráfico más o menos continuo de peregrinos, que buscan albergue en los monasterios y estos a su vez, adoptan entre sus funciones primordiales, la ayuda y protección de esos peregrinos.
  5. Finalmente quiero mencionar también el “Canto Gregoriano”, como una pieza básica en el origen de la música que hoy conocemos. El estudio de la música como referencia histórica, y no como interpretación de conservatorio, se desarrolla en las facultades de historia, y tiene el origen de todas sus referencias documentadas, precisamente en el “canto gregoriano” desarrollado en la época que nos ocupa. De hecho la primera “partitura” conocida en el mundo, es precisamente el “Antifonario” de la catedral de León. Cualquier conocimiento sobre música de épocas anteriores a esta, se basa en deducciones o referencias indirectas, ya que las “melodías” son completamente desconocidas, salvo los casos de música popular de transmisión oral, aunque esta parte se mueve más en el terreno de la “etnografía”, siempre con cierta incertidumbre sobre su propia evolución a lo largo del tiempo.                            Desde luego queda claro, y es precisamente lo que me parece más destacable, el “papel primordial” que juegan la melodía musical y el canto en esa época, que produce un repertorio de melodías y composiciones notablemente prolijo, y por supuesto el desarrollo o “invento” de un sistema particular de “anotaciones”, de tal forma que una misma “melodía” resulta perfectamente legible para otra persona diferente del que la concibe o imagina inicialmente, y también puede ser fácilmente “transmitida” a terceras personas o  lugares alejados, sin la necesidad de trasladar a un intérprete directo que la conozca previamente.

A continuación el conjunto de enlaces con los capítulos:

  1. ANTECEDENTES
  2. SONIDO Y EJEMPLOS
  3. EL DISEÑO
  4. LA CONSTRUCCIÓN
  5. REVERBERACIÓN Y NERVIOS
  6. LOS GRANDES EDIFICIOS
  7. INTEGRALES Y DERIVADAS

EPÍLOGO

Como conclusión de las ideas mostradas en estos siete capítulos, quiero destacar en primer lugar, que esas diferencias tan acusadas entre el aspecto o las formas de los edificios “Románicos” con respecto a los “Góticos”, en mi propia opinión son completamente circunstanciales, ya que están derivadas de los cambios adoptados en los sistemas constructivos, que en un determinado momento sirven para resolver un problema de carácter “técnico”, al permitir la construcción de edificios con un volumen mucho mayor. Ese incremento cualitativo en el volumen del recinto construido, es lo que constituye la verdadera motivación básica, intencionadamente buscada por sus propiedades acústicas y funcionales, pero en ningún caso por razones de tipo estético que quisieran conseguir una determinada expresividad o evocación mediante un repertorio de formas nuevas en los edificios.

Catedrales de ejemplo
Catedrales de ejemplo

En segundo lugar me gustaría destacar que se trata de edificios netamente “funcionales”, construidos expresamente para “cantar”, y constituyen la primera generación de auditorios musicales de unas características insólitas e inigualables, que tampoco han sido construidos o concebidos en función de ningún “simbolismo o representatividad” ya sea de tipo jerárquico o religioso. Evidentemente hay que reconocer que alrededor de ellos, se ha ido desarrollado y ordenando una estructura organizativa, jerárquica y representativa, como acreditan las figuras del “maestro de capilla”, los “seises” de Sevilla, o niños cantores en otras catedrales, pero en mi opinión eso constituye un añadido posterior, basado en la tremenda singularidad y funcionalidad de las catedrales como “auditorios” para el canto gregoriano o la música sacra, y además con una calidad excepcional, pero no al revés.

7 – INTEGRALES Y DERIVADAS

Durante los seis capítulos anteriores se ha desarrollado paulatinamente una argumentación que de forma resumida consiste en atribuir, la evolución entre el estilo “románico” y el “gótico”, a unos pocos cambios en las técnicas de construcción, y también a la “motivación” que representaba en aquella época, la posibilidad de mejorar de una forma muy notable y acusada, la “sonoridad” de los recintos en los que se desarrollaba la música coral del “canto gregoriano”, que podía escucharse en monasterios, iglesias y catedrales.

Evidentemente se trata de una argumentación desarrollada bajo un punto de vista personal, que no coincide con las interpretaciones habituales, pero es completamente rigurosa con los datos y referencias históricas, y desde luego se ha prestado un especial cuidado sobre la coherencia de esta interpretación, con respecto a los conocimientos actuales de “técnicas de construcción” y “acústica de recintos”.

LA GRAN INTEGRACIÓN Imagen12

Esta nueva argumentación supone atribuir ese “notable y repentino” cambio en las formas y la estética de la construcción de los edificios, no tanto a una evolución de índole cultural, que trataría de expresar nuevas y profundas inquietudes, mediante un repertorio de formas y estética completamente distinto del anterior, para operar como directrices de diseño en los nuevos edificios, sino más bien a la concurrencia y sinergia mutua, entre dos circunstancias de un carácter mucho más pragmático. Por un lado, las nuevas técnicas de construcción, que permiten realizar  edificios mucho más altos, grandes y voluminosos aunque desempeñando unos recursos parecidos o equivalentes a los anteriores, y por otro lado la considerable y notable “mejora” con la que se puede escuchar  el “canto gregoriano” dentro de ellos, ya que la sonoridad de estos y por tanto la “magnitud del sonido” que escucha el oyente, se multiplica por un factor cuatro a cinco veces mayor, en la mayoria de los casos.

Lógicamente la afirmación que se acaba de hacer podría considerarse completamente gratuita, ya que no se conocen pruebas directas que la respalden, como podría ser la “memoria” de un proyecto, donde el autor desarrolla mediante un documento escrito, las motivaciones u objetivos que justifican la ejecución del nuevo edificio. No obstante voy a tratar de exponer y acompañar unos cuantos argumentos, que si bien pueden considerarse circunstanciales, yo creo que respaldan con una claridad notable la afirmación que se acaba de hacer. Imagen3

El Órgano de la Catedral, es un instrumento musical que constituye el “alma” de la misma. Como instrumento de música, está basado en la vibración de la masa de aire que se encuentra dentro de un tubo rígido, normalmente abierto en uno de sus extremos, y con una lengüeta vibrante en el otro, sobre la que se sopla con un chorro de aire procedente de un fuelle u otro sistema parecido.

La vibración de la lengüeta, se propaga al interior induciendo una “resonancia” en la masa de aire, que acomoda su frecuencia principal a la longitud del tubo, produciendo el sonido correspondiente a esa nota concreta. Cada tubo produce una sola nota musical, pero para una misma nota, se puede disponer de varios tubos, que incluso pueden ser de distinto material y/o forma, de modo que el órgano se organiza con diferentes registros, que se pueden combinar y corresponden a conjuntos de tubos con diferencias de timbre, matiz y/o sonoridad. Esto hace que el órgano pueda disponer de varios teclados, pedales y/o registros, y su ejecución pueda llegar a ser notablemente compleja. Imagen5

Evidentemente la base de la sonoridad del órgano, es la propia vibración del aire transmitida de forma directa e inmediata al espacio circundante, y que se destaca de una manera especialmente notable cuanto mayor es el tiempo de reverberación (TR) del gran recinto de “la catedral”, donde se sigue oyendo su sonido, incluso durante cinco, seis o más segundos, después de haber interrumpido la ejecución.

La Música de Cámara, es una terminología dentro del género musical, que se refiere a composiciones escritas normalmente para un pequeño conjunto de instrumentos, como un cuarteto de cuerda (dos violines, una viola y un chelo), que se desarrolla con gran proliferación en el siglo diez y ocho (XVIII), alrededor de los palacios de la nobleza. Estas composiciones se hacían con el fin de que fuesen oídas, en reuniones sociales de unos cuantos aristócratas invitados, que se reunían en una “cámara” o salón del palacio de turno, para escuchar esa música. Imagen6

Lógicamente por amplio que fuera el salón del palacio correspondiente, su “volumen” y por tanto el TR (tiempo de reverberación), estaban completamente fuera de escala, con respecto a los parámetros de sonoridad del recinto de una catedral o de una sala de conciertos para música sinfónica. Esto indica que esa música se compone con otras pautas diferentes de viveza y ritmo, ya que se trata de una música mucho más ligera, con una denominación diferente, que ya no es adecuada para la audición en directo dentro de grandes espacios con TRs altos, donde la persistencia acústica, distorsiona o hace perder la viveza y agilidad en el ritmo, que caracteriza este tipo de composición musical.

Otra referencia sobre la misma idea, es la aparición de dos nuevos géneros musicales caracterizados por la agilidad y rapidez de su ritmo, como son precisamente el “Jazz” y el “Rock and Roll”, que no surgen hasta el siglo XX, y están vinculados con actuaciones en pequeños locales como las salas de Jazz y/o a grabaciones en estudio, o bien a una “megafonía exacervada” en discotecas y grandes conciertos, como en el caso del Rock and Roll.

La Catedral de Florencia, es un edificio que está considerado como la primera gran obra que da paso hacia el “Renacimiento”, y es históricamente conocida entre otras cosas, por el papel protagonista que desempeña el gran arquitecto Brunelleschi.

El proyecto de construcción había sido concebido con una gran cúpula, de dimensiones próximas a las del “panteón romano”, aunque en este caso era preciso construirla sobre unos muros mucho más altos, en una posición bastante más elevada. Esta característica aseguraba disponer de un recinto con un “volumen” considerable, casi desconocido hasta entonces, pero también plantea unos problemas técnicos de construcción que nadie se atreve a abordar durante un cierto periodo de tiempo. Es precisamente Brunelleschi, quien acepta el desafío para construir esa gran cúpula, y lo resuelve con una solución muy novedosa basada en realizar “dos” cúpulas concéntricas mucho más ligeras, y con un trazado “parabólico” que proporciona más estabilidad, por acomodarse mejor a la curva de la “catenaria” que es la que realmente describe el polígono de cargas que se generan con la distribución real del “peso” de los materiales. Imagen7

El personaje de Brunelleschi es uno de los prototipos de hombre del renacimiento. Tiene una primera etapa como escultor, pero además es un notable conocedor de las “matemáticas y la música”, que en aquella época eran disciplinas integradas conjuntamente. Finalmente es  conocido históricamente sobre todo, por la construcción de la cúpula de esta Catedral. Durante la ejecución de la obra se producen  algunos avatares y peripecias en la relación con las autoridades y con otros colegas, pero finalmente su mérito es plenamente reconocido, y en la gran “inauguración” del edificio, el propio Brunelleschi compone un “motete a cinco voces”, que es una composición musical de tipo coral y polifónico, lo que supone que debe ser “cantada” por “cinco” coros u orfeones independientes, entonando cada uno la melodía en una octava distinta.

Considerando que el teclado de un piano solo dispone de siete octavas, precisamente porque al “duplicarse” la frecuencia de la nota inicial al avanzar cada octava, queda cubierto prácticamente todo el espectro de audición del oído, que va prácticamente de 50 a 20.000 herzios. Si la primera octava se inicia en 80Hz, las seis siguientes se inician en 160, 320, 640, 1.280, 2.560 y 5.120 Hz, y la última termina alrededor de los 10.240, ya sin espacio para una octava adicional.

Evidentemente una composición a cinco voces debe cubrir prácticamente todo el espectro de audición “posible”, ya que solo se excluyen las octavas de los extremos, y además debe ser alcanzado con la entonación de las personas que cantan, por lo que constituye efectivamente una auténtica demostración práctica del mérito, además de “una buena razón”, para construir un recinto como ese.

LA BATALLA de LAS NAVAS DE TOLOSA Imagen8

En este caso voy a tratar un acontecimiento histórico que aparentemente no tiene nada que ver con los argumentos anteriores, pero sin embargo yo creo que a raíz del mismo se “derivan” algunas circunstancias que me gustaría destacar, por lo que haciendo un pequeño juego semántico con el significado de las “integrales y derivadas” dentro de la disciplina de las matemáticas, cuyo último concepto no siempre queda suficientemente claro, me he permitido titular el capítulo, como una alusión velada hacia esas “derivaciones”, tan poco convencionales.

El acontecimiento histórico de la batalla de las Navas de Tolosa, es sobradamente conocido y se puede consultar con facilidad, pero a modo de resumen, creo que se puede decir que constituye el punto de inflexión decisivo en la evolución de “La Reconquista”. Esta batalla se produce en el verano del año 1.212 en tierras de la provincia de Jaén, ligeramente al sur aunque bastante próxima al paso de Despeñaperros, en lo que puede considerarse como la puerta de Andalucía o la “Al_Andalus” musulmana.

La batalla se origina como una alianza de todos los reinos cristianos de la península, desde el Atlántico al Mediterráneo, incluyendo los reinos de León que comprende también Asturias y Galicia, Castilla, Navarra y Aragón con los condados catalanes, los almogávares, e incluso con la participación de caballeros trasmontanos o franceses del otro lado de los Pirineos. Las fuerzas son dirigidas y capitaneadas por el rey de Castilla que promueve esta alianza, con el respaldo del Papa y algún Obispo, y aunque el rey de León no asiste directamente a la batalla por desavenencias con el de Castilla, sí que participan los ejércitos y caballeros del reino de León, y dentro de la batalla el rey Sancho de Navarra, arranca las cadenas del recinto que delimita la tienda del Miramamolín huido de la batalla, y a raíz del acontecimiento se las cuelga en su escudo de armas, desde el cual pasan al de los Reyes Católicos y de ahí al de España, donde aún se conservan.

La fecha de 1.212 evidentemente entra de lleno en ese periodo de cincuenta años que ya se había mencionado anteriormente, en el que se inicia la construcción de las grandes catedrales góticas por toda Europa, probablemente para conseguir esa “nueva sonoridad impresionante” que se puede escuchar dentro de sus recintos.

PRIMERA DERIVADA – La Mezquita de Córdoba. Imagen11

Como consecuencia de la batalla anterior, en los años siguientes se produce un declive considerable de los reinos musulmanes, y una nueva hegemonía del reino de Castilla, y en pocos años, sus tropas conquistan y ocupan las ciudades de Córdoba y Sevilla. Lógicamente cuando los cristianos entran en Córdoba a mediados del siglo trece, se encuentran con “La Mezquita”, que es un recinto cerrado cuajado de arcos y columnas, que mantiene una altura constante en torno a los seis u ocho metros libres, con una extensión horizontal en torno a los 13.000m2, lo cual representa un recinto cerrado con un volumen del orden de los cien mil metros cúbicos. [100.000m3].

Si ahora consideramos que el volumen del recinto de un catedral como la de Santiago de Compostela puede estar en el entorno de los treinta mil metros cúbicos, y las de León o Burgos, alrededor de los cincuenta mil, y que ninguna catedral de esa época, incluida Notre Dame de París, sobrepasa esta cifra de forma significativa, creo que debió transcurrir muy poco tiempo, para que alguien que conociese las verdaderas inquietudes para construir las nuevas catedrales, decidiese situar un “coro” dentro de aquella mezquita, para cantar “gregoriano” a pleno pulmón, con el fin de poder escuchar el resultado.

Aunque yo no haya estado allí, estoy plenamente convencido, que este tipo de acontecimiento o algo parecido, debió de suceder realmente, y además que su resultado debió de cumplir holgadamente las expectativas, debido sobre todo al aplastante rigor de la “física” y sus ecuaciones, como en este caso la del profesor Sabine. Presumo en consecuencia, que aquellos “bárbaros cristianos”, debieron instalar inmediatamente el “cabildo de la catedral” dentro de aquella mezquita, para poder cantar “maitines”, “laudes”, “vísperas” y “completas”, todos los días del año, y además supongo que los musulmanes cordobeses debían escuchar diariamente aquellos cantos completamente “embelesados”, ya que en un recinto como ese, debían sonar como auténtica música celestial.

SEGUNDA DERIVADA – La Catedral de Sevilla. Imagen10

A comienzos del siglo quince, y más concretamente en el año 1.401, el cabildo de la catedral de Sevilla que se encontraba instalado en la antigua mezquita de la ciudad, probablemente siguiendo las pautas de Córdoba, decide construir una nueva catedral, debido sobre todo al estado ruinoso y deteriorado que presentaba la mezquita en aquel momento.

Al abordar el proyecto y la construcción del nuevo edificio, ya existía una relativa experiencia acumulada sobre el tamaño de los recintos, y los límites prácticos de las nuevas técnicas de construcción mediante bóvedas de nervios, e incluso se encuentra abierto y en curso, el desafío para concluir la catedral de Florencia.

Presumo que al abordar el nuevo reto para proyectar y construir una gran catedral, los responsables de aquella iniciativa debieron de marcarse como es lógico, un objetivo relativamente ambicioso, y aunque no puedo tener ninguna seguridad en lo que sostengo, me imagino que para cualquier persona de aquel cabildo que hubiera escuchado el canto de un coro dentro de la mezquita de Córdoba, el desafío tendría que ser obviamente el poder acercarse o igualar al menos la “sonoridad” o reverberación de aquella mezquita.

TERCERA DERIVADA – La Catedral de Córdoba.

Una vez iniciada la construcción de una nueva catedral como la que se había proyectado en Sevilla que se encontraba en curso de ejecución a lo largo de todo el siglo quince, presumo que entre los miembros del cabildo cordobés, debió de surgir alguna inquietud sobre la posibilidad de que esa nueva catedral, pudiese llegar a igualar o superar la “sonoridad” de su mezquita, relegando su importancia relativa.

En aquellos tiempos la seguridad intelectual que proporcionan las ecuaciones de la física y en particular la de Sabine, eran rigurosamente desconocidas y probablemente los bulos, las rotundas afirmaciones de expertos “auténticamente entendidos” y también algunos buscones oportunistas, seguramente contribuían a incrementar ese tipo de inquietudes, y yo pienso que esos posibles temores al “riesgo” de perder el protagonismo de una sonoridad excepcional, pudieron ser una razón verosímil para que durante el siglo quince, el cabildo de Córdoba decida ampliar la propia mezquita, ¿¡..empotrando una nueva catedral dentro de ella..¡?, para que al aumentar considerablemente su recinto, se mantenga intacta su singularidad y protagonismo.

La verdad es que esta tercera idea, creo que es la más especulativa y aventurada, pero la verdad es que como “arquitecto” siempre me he preguntado, “qué tipo de razones”, han podido tener los responsables de una decisión, como la de “empotrar” la ejecución de esta nueva catedral, en un edificio como la Mezquita de Córdoba, de una manera tan drástica, y manteniendo luego intacto el resto del edificio  ..  ¿ . !?

 

6 – LOS GRANDES EDIFICIOS

Entre finales del siglo XII y comienzos del XIII, es decir alrededor del año 1.200, comienzan a construirse las grandes catedrales góticas, promovidas por los cabildos, y normalmente apoyados o respaldados de distintas formas, por el poder de los reyes o la nobleza local. Este proceso dura hasta el siglo XV o incluso el XVI en los que todavía se inicia la construcción de algunas grandes catedrales góticas, como Sevilla (1401), o las de Salamanca (nueva) y Segovia que inicialmente se proyectan casi iguales, aunque la de Salamanca sufre una paralización de unos setenta años, que al reanudase modifica el trazado del ábside en girola, por una nueva configuración con planta de salón. Imagen21

En la sesión anterior, se habían comentado las principales características de las bóvedas construidas con nervios, que son precisamente las que constituyen la gran novedad de esta época, y las que precisamente permiten la construcción de edificios que aumentan considerable y cualitativamente, el tamaño y volumen de los anteriores.

Esta nueva “técnica de construcción” es la que da pie al estilo arquitectónico conocido como “gótico”, el cual considero que deriva principalmente de esa nueva manera de construir, y no de otras directrices estéticas, diseños y/o formas premeditadas en función de una “moda” o “gusto” imperante en la época, o cualquier otra interpretación sobre “espiritualidad” u ocurrencias similares.

El desarrollo de esta nueva técnica de construcción, pero sobre todo la abrupta y brusca interrupción del sistema anterior, debe tener lógicamente su propia motivación y sentido, y yo personalmente creo que es precisamente el fenómeno de la “reverberación acústica” en un recinto cerrado, la que al ser proporcional al volumen absoluto, motiva el crecimiento abrumador y espectacular en el tamaño de los edificios, ya que ese aumento de tamaño constituye un complemento y refuerzo enormemente eficaz para poder “oír y escuchar” cualquier melodía de “canto gregoriano”, con una “sonoridad” desconocida e impensable hasta ese momento, transmitiendo estas experiencias a lo largo de todo el Camino de Santiago, como un reguero de pólvora.

En un intervalo del orden de 50 años, desde 1180 al 1230, se inician o proyectan a lo largo de toda Europa, un considerable número de iglesias o catedrales, con una altura libre de la nave central, en el entorno de los treinta metros, que eran completamente inalcanzables con el sistema de construcción anterior, que empleaba gruesos sillares de piedra en la configuración de las bóvedas.

Con el fin de apreciar estas diferencias, se acompaña un conjunto de gráficos con la misma pauta o esquema que en el caso del edificio románico y una descripción sobre las diferencias. En este caso se ha elegido una representación esquemática de la catedral de León, y tanto al comienzo como al final se incluye a su vez una superposición de la iglesia románica de San Isidoro, que permiten comparar de forma intuitiva las diferencias de tamaño entre ambos estilos. Imagen3

Trazado y  replanteo. Presenta características similares aunque los edificios incrementan considerablemente sus dimensiones.

Cimentación y Arranque. También mantiene las mismas características.

Muros y soportes iniciales. En este caso los muros son similares en el arranque aunque aparecen los soportes laterales de los arbotantes en lugar de los Imagen4contrafuertes.

Los Arcos. En el trazado de los arcos es donde probablemente se haya originado ese cambio que conduce a una nueva técnica de construcción, ya que antes de montar el arco en su emplazamiento, este se sitúa primeramente en el suelo, colocando juntas todas las dovelas que lo forman, lo cual permite comprobar su geometría dentro del conjunto y la precisión del labrado, antes de iniciar el pesado y tedioso trabajo de levantar, colocar y ajustar en su posición cada una de las piezas. Imagen5

Al situar las piezas del arco completo en el suelo, se puede optar por colocar el conjunto, simplemente “abatido” sobre el plano horizontal del suelo, pero hay que tener en cuenta que probablemente la “clave” entendiendo en este caso la pieza que cierra e
l arco en el punto medio, no se haya realizado aún, ya que al ser la última pieza del conjunto que es colocada,  es la que permite realizar un ajuste final, y es posible que en muchos casos, el inicio de su “labra” se posponga hasta después del mo
ntaje final del arco. Imagen7

Este hueco entre las piezas que se colocan en el suelo, pue
de haber llevado a que el conjunto no se coloque con la configuración del arco completo abatido sobre la horizontal, sino que aprovechando que ambos lados “arrancan” necesariamente desde un plano perfectamente nivelado y horizontal, permite colocar el conjunto de dovelas, prolongando la continuidad de las dos ramas del arco, aprovechando la rigurosa simetría de la “junta” que configura el apoyo de ambos arranques. Imagen8

Esta forma de operar puede haber conducido de una forma bastante intuitiva y lógica, hacia la adopción del arco “ojival”, en cuanto un maestro constructor se da cuenta de que gracias a esa simetría, él podría deducir el “radio” necesario para las dos ramas del arco, “después” de haber adoptado la altura que mejor le convenga, con total independencia del ancho o separación entre los dos apoyos. Lógicamente este razonamiento es el que hace posible construir arcos diagonales y laterales sobre un área rectangular, con una altura de coronación similar para todos ellos, posibilitando a su vez la ejecución del cierre de la bóveda con mampuestos ligeros, en lugar de los pesados sillares que requiere la bóveda de cañón.

Bóvedas laterales. Las bóvedas laterales adquieren ahora mayor dimensión e importancia y se emplea en ellas la misma configuración de la principal a base de nervios cruzados en las diagonales. Imagen9

Muros superiores. Ahora los muros adquieren una altura más considerable, por lo que un cierto sentido de seguridad y prudencia, recomendaría hacer estos lo más “rígidos y ligeros” que fuera posible, concentrando la “solidez” en la zona del soporte, y eliminando la mayor cantidad de “entrepaño inerte” que fuera posible, con lo que aparece precisamente el espacio oportuno, para cerrar el recinto con grandes vidrieras.

Bóveda Central. La bóveda principal se configura, mediante una sucesión de módulos rectangulares apoyando cada esquina en un soporte, y un par de arcos de sillería cruzados en diagonal, con otros cuatro delimitando el contorno rectangular, de tal forma que la separación entre ellos se reduce considerablemente, y permite completar el cierre con mampuestos ligeros apoyados en ese sistema de arcos. A medida que la técnica de construcción evoluciona con el tiempo, los módulos rectangulares se amplían ligeramente y va apareciendo un sistema de arcos secundarios denominados “terceletes” que se emplean tanto para reducir la distancia libre, como para reforzar la rigidez del conjunto del módulo. Imagen10

Arbotantes. El sistema de arbotantes constituye la otra gran novedad característica de esta época, y está configurado por un sistema de “medios arcos” exteriores y transversales, que van apuntalando los riñones de las bóvedas, y descansan por el otro lado en un sistema de soportes ortogonales y separados de la nave central, con el fin de asegurar la rigidez transversal de un edificio mucho más alto, ante la acción del viento o incluso el empuje del propio relleno que hay en los riñones de las bóvedas.

Cubierta. La cubierta final se realiza con faldones planos sobre una estructura secundaria de formas, cerchas o pares de madera que se apoyan lateralmente en la coronación de los muros. A continuación se incluyen también otro par de enlaces equivalentes a los del románico. El primero corresponde a un archivo en formato “dwfx” que contiene el modelo 3D que se emplea en los gráficos adjuntos, y el otro repite el enlace a la página de “Autodesk” que contiene el visualizador.

Enlace del modelo informático en 3D:

Iglesia-Catedral de Santa María de León.

Enlace para la descarga de Design Review:

http://usa.autodesk.com/design-review/download/?id=12423405&siteID=123112

 

 
 
 
 
 

5 – REVERBERACIÓN Y NERVIOS

En el capítulo anterior se describía de forma escueta pero acompañada por una secuencia de gráficos, el procedimiento de construcción para una iglesia románica como las que se levantaron en los siglos XI y XII por toda Europa, o dicho de otro modo entre los años 1.000 a 1.200.  BovedaNervios_1

Al final de la época, aquellas técnicas de construcción, así como la práctica de los oficios y probablemente la organización de los gremios medievales, ya se encontraban consolidadas y presumiblemente constituían una rutina completamente asimilada por las personas que proyectaban y construían los edificios, como los maestros de obra y sus ayudantes o encargados más aventajados. Por otra parte es probable que algunas costumbres de la vida monacal, como el rezo cantado de las horas canónicas durante la noche, realizado por el conjunto de la comunidad agrupada en coro, entonando rítmicamente sus  plegarias en la iglesia del convento, diese lugar a todo el desarrollo del “canto gregoriano”, que también sería asimilado de forma general por otras iglesias y parroquias, dando también lugar a la estructura organizada del cabildo, en catedrales y colegiatas.

En ese contexto de la práctica habitual y generalizada del “canto gregoriano” dentro de los recintos de las iglesias, parece oportuno recordar la idea de la “reverberación acústica”, como un fenómeno físico que se puede sentir e identificar con claridad por cualquier persona, aunque en la época actual pasa bastante desapercibido, debido sobre todo al uso común de la megafonía.

LA REVERBERACIÓN

El fenómeno de la “reverberación”, se produce al escuchar cualquier sonido en el interior de un recinto, y se debe a la reflexión que la señal inicial del sonido produce sucesivamente en paredes, suelo y techos. Debido a esas múltiples reflexiones, lo que escucha un observador, es no solo el sonido inicial, que desde luego siempre constituye la señal más fuerte, sino que viene acompañado por las reflexiones de la primera señal en todas las superficies del recinto, que se van apagando paulatinamente. Ecuacion

Este fenómeno es el responsable de una sensación que todos hemos oído en alguna ocasión, y que se produce en recintos grandes como iglesias o auditorios, cuando hay un orador hablando con un volumen que no es demasiado alto, y nos genera esa clara sensación de que se “arrastran” las palabras del orador. El fenómeno fue estudiado de una forma sistemática y científica, por el profesor universitario americano, Wallace Clemente Sabine, a finales del siglo XIX. De aquellos estudios surge la famosa ecuación conocida por cualquier especialista en acústica. Esa ecuación, básicamente dice que el único parámetro distintivo y característico sobre la “calidad acústica” de un recinto cerrado, es su tiempo de reverberación o “TR”, el cual es proporcional al “Volumen” del recinto, e inversamente a la superficie absorbente.

La superficie absorbente, que aparece en el denominador, es aquella que se encuentra constituida por tejidos blandos como telas o tapices, ya que solamente son ese tipo de materiales, los que tienen capacidad para absorber una parte apreciable de la señal acústica que llega hasta ellos. En el caso de suelos, paredes o techos rígidos, ya sean de piedra, yeso, cerámica, madera o cristal, la reflexión del sonido es casi completa y prácticamente no intervienen en el denominador de la ecuación, como sí lo hacen los tapices, cortinajes, alfombras y moquetas, o la ropa de la gente que ocupa el recinto. Reverberacion

Con el fin de entender mejor la trascendencia de este parámetro y el papel que ha podido jugar en el desarrollo de la arquitectura gótica o románica, se debe tener en cuenta también el funcionamiento actual en combinación con la megafonía, a la que estamos habituados en nuestra experiencia cotidiana, y por tanto su total ausencia en aquella época. Para ello se acompaña un gráfico explicativo donde se representa un esquema del fenómeno en dos casos diferentes (rojo y azul) para recintos pequeños y grandes o con poca y mucha “reverberación”.

El gráfico representa en horizontal la evolución a lo largo del tiempo, y en vertical la “intensidad” de la señal acústica. Lógicamente al producirse el sonido inicial, este alcanza su valor máximo de forma instantánea, y paulatinamente incorpora las sucesivas reflexiones, que cada vez son menores, por lo que la caída de la señal es una curva asintótica en el tiempo. El mayor o menor desplazamiento de la curva de caída sobre la horizontal es precisamente el valor que representa TR, y lógicamente es proporcional al volumen del recinto, pero también es importante destacar y entender que la “sensación” del sonido que se escucha es proporcional a la superficie encerrada por esa curva, por lo que una mayor reverberación no solo prolonga el sonido en el tiempo, sino que sobre todo incrementa notablemente la “cantidad” del sonido que se escucha para una misma intensidad de la señal.

Esta última consideración es precisamente la “experiencia cotidiana” que actualmente hemos perdido a causa de la megafonía, ya que con ayuda de esta lo que se hace es aumentar artificialmente la intensidad de la señal inicial, que de esa forma predomina de manera más destacada. Por otro lado puesto que en un recinto grande, la reverberación distorsiona la inteligibilidad especialmente de la palabra hablada, la tendencia normal es el “acondicionamiento acústico” incorporando paneles o superficies de materiales absorbentes que reducen la reverberación resultante, ya que por otra parte la correcta “audición”, queda asegurada al “subir” el volumen de la megafonía, como en el caso de una sala de cine. BovedaNervios_2

En contraposición a este mecanismo, hay que pensar que cuando no hay megafonía, tampoco se dispone de un “control del volumen” para la audición en el recinto, y por tanto la gente de aquella época se encontraría  acostumbrada a “valorar” esta cualidad como una mayor capacidad para escucharun determinado sonido dentro de ese recinto. En este sentido hay que recordar también el funcionamiento de los púlpitos en las iglesias, que aprovechan de una forma muy inteligente y eficaz la reverberación del recinto, y lógicamente han perdido su propia utilidad a causa de la implantación de la “megafonía” y no, por cualquier otra pretendida innovación, modernidad, renovación y/o actualización de costumbres.

La “audición en directo” de la música coral o sinfónica, naturalmente sigue manteniendo esas características, pero su percepción y valoración se restringe a una minoría de seguidores y aficionados incondicionales, ya que la difusión comercial, hecha a través de “grabaciones” previas, se realiza en cámaras “anecoicas” las cuales están configuradas para anular cualquier reverberación, ya que posteriormente son tratadas y ajustadas con equiposBovedaNervios_3 electrónicos, para equilibrar la percepción del oyente, desde un equipo de reproducción que incluye siempre un “control del volumen”.

LA BÓVEDA DE NERVIOS

Por otra parte las técnicas de construcción cuya práctica se desarrolla y consolida con las iglesias y monasterios del románico, se encuentra perfectamente afianzada en el conocimiento y la experiencia de los maestros de obra, pero mantiene una relativa limitación en cuanto al tamaño de las iglesias, debida a la bóveda de medio cañón con la que se cubre la nave central. La colegiata de San Isidoro en León o la Catedral vieja de Salamanca, no llegan a los ocho metros de luz, y las Catedrales de Zamora o Santiago de Compostela tampoco sobrepasan los nueve metros. Las alturas libres, raramente sobrepasan los quince metros, aunque en la catedral de Santiago se alcanzan los veinte en el crucero, altura a la que se encuentra colgado el botafumeiro, y viene a coincidir con la de las naves principales, constituyendo un caso excepcional. Como ya se había comentado anteriormente, la posibilidad de incrementar esas dimensiones tiene serias dificultades, ya que un incremento en el ancho de la bóveda, requiere mayor espesor de los sillares que la forman, incrementando notablemente su peso y la necesidad de unos muros más gruesos. El incremento de altura, acentúa exponencialmente el empuje horizontal del viento, que a su vez vuelve a comprometer aún más la rigidez transversal de los muros.

La posibilidad de aumentar esos valores conduce a una espiral diabólica, que obviamente se encuentra vinculada a la configuración del sistema constructivo, y probablemente por esa época, tanto los maestros constructores como los dirigentes y responsables de las congregaciones religiosas ya son plenamente conscientes de que la “sonoridad” está totalmente vinculada con el volumen del recinto, y por tanto cualquier sistema que permita salir de esa espiral diabólica, sería escuchado con una gran atención. BovedaNervios_4

Una alternativa a la bóveda de medio cañón, que aparece en esta transición entre románico y gótico, es precisamente la bóveda con nervios, que a partir de ese momento se emplean de forma casi exclusiva, desapareciendo de forma abrupta la construcción de bóvedas de medio cañón, o edificios basados en el estilo “románico”.

La solución constructiva para una bóveda de nervios se ilustra en los gráficos adjuntos, y su configuración se basa en la idea de cubrir un espacio cuadrangular entre cuatro soportes, realizando en primer lugar dos arcos cruzados sobre las diagonales del cuadrilátero ya que la construcción de arcos no tiene ningún secreto o dificultad en aquel momento.  Posteriormente se cierran los lados del cuadrilátero con otros cuatro arcos perimetrales, y de esa forma se reduce considerablemente la separación entre apoyos, lo cual permite la construcción de una bóveda mucho más ligera, mediante mampuestos de piedra de diez a quince centímetros de espesor, que se apoyan en ese sistema de arcos ya levantados. Esta idea aún presenta una relativa dificultad por el hecho de que los arcos que corresponden a los lados del cuadrilátero son considerablemente más cortos que los correspondientes a las diagonales, ya que si se trazan con media circunferencia como es habitual, las diferencias de altura en la clave pueden ser considerables. BovedaNervios_5

Una solución para ese problema, consiste en desdoblar la configuración del arco en dos mitades simétricas, llevando  la continuidad del trazado virtual, que asegura el despiece para el correcto asiento de las dovelas, a una simetría respecto al plano de apoyo horizontal, ya que la construcción inicial y el replanteo se configuran previamente en el suelo. Al haber desvinculado la necesidad de un centro único para los arcos, el proyectista puede configurar a su voluntad y criterio, la altura de la “clave” o flecha del arco, aproximando oportunamente la altura en diagonales y laterales, o incluso peraltando algunos casos mediante un tramo vertical, cuando la esbeltez del hueco se juzga excesiva.

La descripción anterior corresponde precisamente al “arco ojival”, tan característico del gótico, que sin embargo no tiene su origen en ningún sentido del diseño o la estética particularmente espiritual o vertical, sino que se deriva simplemente de una técnica de construcción, bastante sutil y elaborada, que busca una mayor ligereza de las bóvedas, con el fin de poder configurar edificios mucho más altos, con recintos de un volumen sensiblemente mayor, que permitan escuchar el “canto gregoriano” con una mejor sonoridad.

EL ARBOTANTE

Una vez solucionado el problema de peso de las bóvedas, ya se pueden construir edificios más altos, pero aún queda pendiente el problema de los empujes horizontales del viento. Este empuje también se incrementa exponencialmente con la altura, y dado que las bóvedas son más ligeras, el riesgo de desmembramiento puede ser mayor, aunque el relleno de los riñones contribuye al monolitismo y rigidez del conjunto. Sin embargo al aumentar la altura con este nuevo tipo de arcos, también aumentan los empujes horizontales que ejerce ese relleno sobre los muros exteriores que ahora además, son también más esbeltos.

Si se piensa detenidamente este nuevo aspecto del problema, y se considera que la rigidez y ligereza de las bóvedas se han resuelto mediante unos arcos cruzados en diagonal, seguramente se puede pensar que también en este caso la solución puede ser un sistema de arcos, pero en este caso exteriores al edificio, y ortogonales a la fachada.

Como estos arcos deben soportar empujes horizontales, y no un peso vertical, debería bastar con medio arco, que apuntalase el muro exterior a la altura de los riñones de la bóveda, y que a su vez puede descansar por el otro extremo en un soporte exBovedaNervios_6ento y separado del edificio, cuya separación contribuye a incrementar la estabilidad horizontal del conjunto, y a su vez permite “aligerar” notablemente la masa y el peso del muro, permitiendo  grandes huecos, que luego se cierran con las conocidas vidrieras.

LAS CIFRAS

Recordando las cifras mencionadas en un párrafo anterior sobre algunos edificios singulares del románico, se puede decir que las catedrales góticas de Burgos o León, tienen un ancho o luz en su nave central, entre once y doce metros, y una altura libre en torno a los treinta. La Catedral de Notre-Dame de París que se inicia aún dentro del siglo XII, alrededor de 1.180 es una de las mayores construcciones del gótico y dispone de una altura en su nave central de treinta y tres metros.

Si consideramos que las dimensiones de un recinto gótico superan entre vez y media y dos veces el ancho y alto del románico y pueden tener a veces una longitud de más del doble, esto supone que la proporción del volumen resultante sería al menos de 1,5 x 2 x 2 = 6, es decir que el volumen del recinto se multiplica al menos por un factor seis veces mayor, con el correspondiente aumento del TR y de la “sonoridad” en esos recintos.

 

4 – LA CONSTRUCCIÓN

La construcción de una iglesia románica y en general los edificios singulares que configuran el monasterio, se realiza con fábrica de sillería, que está constituida por bloques de piedra perfectamente cortados y labrados en todas las caras, hasta conseguir una geometría y dimensiones muy precisas, que facilitan el apoyo o asiento sobre los anteriores, y van  formando el conjunto del muro o fábrica, gracias a la exactitud geométrica en la orientación de todas sus caras, de forma que la necesidad del mortero de asiento sea mínima, e incluso a veces se hace sin él.

Obviamente la elaboración de los sillares que deben configurar un muro recto, se limita a conseguir una forma de paralelepípedo, con las dimensiones adecuadas y todas sus caras perfectamente perpendiculares y paralelas dos a dos. Sin embargo cuando se llega a los arcos y las bóvedas, las caras de asiento ya no pueden ser paralelas entre sí, por lo que la geometría necesaria para conseguir un trazado preciso, tanto de la forma como de la orientación de las caras, adquiere una importancia fundamental, dando lugar a la conocida disciplina de la “estereotomía de la piedra”. 1_Replanteo

En la construcción de un edificio completo con sillares de piedra, lógicamente es preciso determinar con precisión, no solo la geometría y dimensiones del edificio y sus muros, sino que también hay que detallar, las formas geométricas de todas y cada una de las piezas que componen el conjunto, facilitando instrucciones, plantillas, perfiles, ángulos y las formas precisas, que deberán seguir los canteros para labrar todas las piedras, de tal forma que al ser trasladadas e izadas hasta su posición definitiva, encajen y asienten correctamente en sus posiciones. Obviamente la posibilidad de que se produzcan errores de trazado, que obliguen a descartar alguna pieza, que con un peso de varias toneladas ha sido trasladada e izada hasta su posición, con el notable esfuerzo manual de varios operarios, puede poner en riesgo, hasta incluso la integridad física de cualquier responsable, a poco que se pudiera repetir.

UN EJEMPLO ROMÁNICO

A continuación se desarrolla mediante un conjunto de gráficos, la geometría y los elementos principales que configuran una iglesia de estilo románico. En este caso se ha elegido la iglesia de San Isidoro de León aunque con arreglo a su teórico trazado inicial, y manteniendo las proporciones reales. 2_Zocalo

Trazado y replanteo. En primer lugar, es preciso trazar o dibujar sobre el terreno las dimensiones completas del conjunto del edificio, operación que se conoce normalmente como “Replanteo”.

Cimentación y Arranque. A continuación es preciso realizar unos cimientos sólidos para  apoyar los muros, retirando las primeras capas del suelo, habitualmente alteradas por restos de vegetación u otros residuos, excavando hasta llegar a una capa de terreno consolidado y homogéneo, donde asentar con seguridad un primer tramo de muro, con el sobre-ancho necesario para una cimentación segura. 3_Soportes

Muros y soportes iniciales. A partir del arranque se colocan los sillares rectangulares de piedra que van formando el primer tamo de los muros y soportes aislados, hasta el arranque del primer nivel de arcos, habitualmente marcado por los capiteles y en otros casos, molduras corridas que ayudan a destacar y comprobar una correcta nivelación horizontal. 4_ArcosPB

Los Arcos. Los arcos se inician desde la coronación de los soportes aislados o los muros, y se configuran con sillares especiales conocidos como “dovelas”, que ya no mantienen la geometría de caras paralelas, por lo que su ejecución es mucho más cuidadosa. Normalmente se construyen primero todas las dovelas, y se colocan en el suelo presentando su posición relativa dentro del arco, para poder asegurar la correcta geometría del conjunto completo. Una vez comprobado, se monta el arco en su posición definitiva izando y colocando las dovelas sobre una cimbra, en un proceso continuo hasta su cierre. 5_BovedasLTR

Bóvedas laterales. Los espacios de las naves laterales, se cubren o cierran en este primer nivel, mediante un sistema de bóvedas menores ya que las luces, o separación es bastante menor que la principal. La geometría puede ser diversa, pero predomina el trazado por arista, que corresponde a la intersección de dos superficies cilíndricas ortogonales. Se realizan también con dovelas de cierto espesor, cortadas y labradas con arreglo al despiece correspondiente. 6_MurosAltos

Muros superiores. Sobre el conjunto de arcos que configuran las dos alineaciones longitudinales de soportes, se recrecen los muros laterales de la nave principal, con los sillares necesarios. En estos muros se configuran los huecos del nivel superior, y por el exterior se refuerzan transversalmente mediante contrafuertes situados en la vertical de los arcos transversales d7_BovedaPALe las naves laterales.

Bóveda Central. La bóveda central se realiza también con sillares de piedra de cierto espesor, cortados y labrados con el despiece oportuno. En la vertical de los soportes, se hacen también unos ensanchamientos o refuerzos que se denominan “arcos fajones”. La denominación para este tipo de bóveda en los antiguos tratados de Vitrubio, es la de “muros vueltos” que resulta muy clara e intuitiva respecto a su ejecución. El ancho o luz de la bóveda es mayor que las laterales, y constituye el parámetro que junto con la altura y longitud, configura básicamente el volumen o tamaño final de la iglesia. Su ancho  se sitúa normalmente en el entorno de los ocho, ó nueve metros, y lógicamente la solidez y seguridad dependen de la precisión y exactitud en el despiece de los sillares. El posible aumento de esta dimensión presenta serios inconvenientes, ya que una bóveda mayor, conduce a realizar sillares más anchos que incrementan a su vez el peso de la bóveda, que necesita muros más gruesos para su estabilidad, y añade dificultades para la colocación en altura, de una forma desproporcionada.

Cubierta. Normalmente se recrecen los muros superiores, con medio espesor, por encima del arranque de la bóveda, hasta la altura de los riñones, y a partir de ese nivel se configura un tejado normal con cuchillos o pares de madera y faldones planos cubiertos con teja. El espacio de los riñones se rellena con escombros de obra y los contrafuertes laterales de los muros se suben hasta la coronación, para soportar los empujes laterales del relleno, que por otra parte también ayuda a estabilizar los empujes y presiones laterales producidos por el viento.

MODELO INFORMATICO

A continuación se acompaña el enlace de un modelo informático en 3D que es el que ha servido para realizar los gráficos que se acompañan. Dicho modelo está contenido en un archivo de tipo “dwfx”, que es un formato especial generado desde AutoCAD. Para su manejo requiere instalar un complemento elaborado por Autodesk, que se denomina “Design Review”, y se puede descargar desde la página de Autodesk, o desde el enlace siguiente.

Una vez instalado, se puede operar en el ordenador como una aplicación independiente, pero también se empotra una extensión dentro del propio navegador, por lo que una vez instalado, se puede abrir el modelo 3D desde la ventana del navegador. Los controles del movimiento, selección o visualización parcial del modelo son bastante fáciles e intuitivos. Se trata de una aplicación de software abierto, que opera de una forma similar al “Acrobat Reader”.

Enlace del modelo informático en 3D:

 Iglesia de San Isidoro de León.

Enlace para la descarga de Design Review:

http://usa.autodesk.com/design-review/download/?id=12423405&siteID=123112

3 – EL DISEÑO

En aquella época, la construcción de los edificios del monasterio, también estaba incluida dentro de la regla benedictina de “ora et labora”, con el conocido significado de reza y trabaja, lo cual supone que eran los propios monjes quienes construían los edificios con su esfuerzo, y naturalmente los que decidían el diseño y la configuración del mismo y en última instancia los responsables de esos rasgos de identidad que caracterizan el estilo románico. SanIsidoro

Si pensamos con cierto  detenimiento en el proceso que pudo llevar a construir aquellos edificios, probablemente una de las primeras consideraciones que cabe hacer es sobre el trabajo en grupo, ya que seguramente se produce una distribución de tareas con una relativa especialización en función de las distintas habilidades, apoyada también en la propia organización interna del grupo, y además debía darse una puesta en común, o comunicación de los problemas que van surgiendo día a día, con participación de opiniones diversas sobre las soluciones más adecuadas.

Además de esa comunicación cotidiana dentro del propio grupo que está trabajando, también hay que considerar la relación entre diferentes monasterios de una misma congregación, ya que con toda probabilidad los monjes se desplazarían con relativa frecuencia entre distintos monasterios, comunicando experiencias y/o soluciones adoptadas en otros lugares, lo cual parece una buena razón para la uniformidad del estilo en ubicaciones geográficas relativamente distantes. VillavSandoval

Otra consideración sobre la distribución especializada de tareas, es la relación con la organización de gremios medievales, ya que probablemente cuando dentro del monasterio se abordaba una construcción de cierto tamaño, es probable que surgiera una demanda de trabajo sobre la gente común de localidades próximas, y la organización de un trabajo distribuido por tareas que se coordinan con eficacia desde una dirección común, pone en valor el trabajo especializado y la propia organización de los gremios medievales.

Otra referencia digna de consideración, es la relativa al tamaño de los edificios cuya construcción se aborda, ya que prácticamente en toda la alta edad media (siglos VI a X), el tamaño de los edificios que se construyen es relativamente limitado, seguramente porque tanto los recursos empleados como las iniciativas que los promueven, tienen un ámbito bastante  restringido a las personas directamente involucradas y/o a su entorno próximo, ya que la compleja y poderosa estructura del poder político y militar del imperio romano se había desvanecido completamente.

Parece oportuno pensar que es precisamente esa estructura de organización en grupo, que es implícita en las congregacioneCarracedos religiosas y monasterios, la que contribuye por un lado a abordar los trabajos de construcción mediante una distribución especializada de tareas que se coordinan bajo la jerarquía de una dirección común, pero también el hecho de abordar la dimensión global de la obra, desde el punto de vista del interés general del conjunto, y por tanto mucho más allá del alcance que puede preocupar a un individuo, o las circunstancias concretas de su propio poder individual.

EL  MONASTERIO

Probablemente dentro la vida de cualquier monasterio, la construcción de los edificios no era un proceso unitario, que implica concebir y planificar desde el principio, la dimensión completa del monasterio, sino que se iba configurando y ampliando paulatinamente a lo largo del tiempo mediante la construcción sucesiva de distintos elementos y/o la ampliación de los existentes, convirtiendo los trabajos y tareas de la construcción en un proceso de carácter casi permanente.

No obstante lo que sí parece evidente dentro del proceso habitual, es que las distintas partes o elementos funcionales que configuraban el conjunto, sí que respondían a ese proceso unitario, que representa concebir, planificar, o en una palabra “proyectar” desde el origen, la configuración,  el tamaño y las dimensiones completas de cada elemento, cuya construcción se aborda en una época o momento concreto de forma unitaria. Carrizo

Dentro de los elementos funcionales que configuran cualquier monasterio se pueden identificar como más característicos: el Claustro, la Iglesia, la Sala Capitular, o el Refectorio, pero además de estos, también había otras muchas edificaciones auxiliares que alojaban cuadras, almacenes, despensas, cocinas, bibliotecas y celdas o habitaciones, o bien dormitorios generales compartidos.

El Claustro y la Iglesia son tan conocidos y característicos que no necesitan demasiada aclaración. La Sala Capitular, es un espacio con una fuerte carga simbólica y representativa, donde la jerarquía o bien el conjunto de la congregación, se reúne periódicamente para realizar “El Capítulo”, que consiste en una asamblea en la que se hace un balance público de todo lo realizado por la congregación en el último periodo, y se establecen los nuevos objetivos, intenciones y/o compromisos para el siguiente capítulo. También se adoptaban y decidían las cuestiones básicas sobre disciplina interna dentro de la congregación.

El Refectorio es una gran sala o espacio, donde los monjes y frailes se reúnen para comer, habitualmente con la regla o compromiso del “silencio general”, y también con la presencia de algún orador, que va leyendo pasajes de las sagradas escrituras. Este funcionamiento permite evocar y contribuye también a una explicación coherente de las consideraciones que ya se han hecho sobre el tiempo de reverberación de un recinto (TR) en ausencia de megafonía.

A la hora de construir los nuevos edificios, la Iglesia constituye un elemento bastante singular y significativo para una congregación religiosa, ya que además de servir a esta, también puede albergar los ritos religiosos para cualquier población exterior. No obstante dentro del funcionamiento cotidiano, hay que considerar a su vez los rezos de las “horas canónicas” que como ya se había comentado, se realizaban en el caso de horas nocturnas, por toda la congregación reunida dentro de la iglesia y cantados en coro. “Maitines” a la media noche, “Laudes” un par de horas antes del amanecer, “Vísperas” alrededor de la media tarde, y “Completas” sobre las nueve de la noche. Gradefes

Eso supone que al proyectar o concebir el recinto de la Iglesia además de tener en cuenta la propia función de la misma con un carácter abierto a cualquier población exterior al monasterio, sea considerado un espacio funcionalmente adecuado para realizar también con la mejor sonoridad posible, los cantos en coro que corresponden a los rezos diarios.

Lógicamente aunque no tuviesen conocimientos rigurosos sobre la acústica de recintos, el fenómeno ya comentado del tiempo de reverberación (TR), directamente relacionado con el tamaño y volumen absoluto del recinto donde se entona la melodía, tenía que ser percibido y sentido de una forma tan directa y evidente, que al abordar el proyecto de cualquier iglesia, el reto de poder construir un recinto aún mayor o más grande y por tanto con más “sonoridad” o persistencia acústica, debía constituir una de las principales motivaciones para aquellas gentes.

LA  BASÍLICA  Y  LA  IGLESIA

La construcción de las primeras iglesias del románico, se basa en el modelo de la “basílica romana” que funcionalmente es un edificio representativo y singular que tenía utilizaciones muy diversas siempre basadas en un cierto carácter social con una gran afluencia de gente. Se utilizaba tanto como mercado, como lugar de reuniones y debates políticos, o bien para celebrar juicios que presidia un magistrado acompañado por el tribunal que se situaba en la exedra.

LaBasilicaEl edificio estaba configurado por un espacio continuo de planta rectangular, con una exedra o lugar prominente en uno de los extremos longitudinales, en la que se situaba el tribunal configurando una especie de cabecera. Normalmente el acceso se situaba en el extremo contrario y el espacio interior se configuraba con tres bandas longitudinales, separadas por alineaciones de columnas que permitían un espacio interior continuo y unitario. Sobre las alineaciones de las columnas, se elevaban unos muros longitudinales que superando la  altura de los espacios laterales, permitían la apertura de huecos de iluminación en la parte superior. La cubrición del espacio normalmente se hacía con una estructura de madera que solía mostrar un artesonado decorativo.

Al trasponer este modelo a las primeras iglesias románicas, la exedra se transforma en un ábside semicircular donde se aloja el altar, y se acompaña con otros dos más pequeños rematando las bandas laterales, a modo de capillas auxiliares. El espacio central adquiere mayor desarrollo que los laterales, incrementando la diferencia de ancho y alto.

Otro de los cambios singulares es la cubrición del espacio con una bóveda de cañón o semicircular y continua a lo largo del espacio principal, que se realiza con sillería de piedra, igual que el resto de los muros del edificio. También se cubren con otras bóvedas menores y de tipos diversos los espacios laterales. La razón de este cambio puede que tenga mucho que ver con una previsión de solidez y duración a largo plazo, ya que la cubierta de madera se deteriora y envejece mucho antes que un muro de piedra, pero probablemente también se considere importante la continuidad de todas las superficies que configuran del recinto principal, buscando conseguir la mejor sonoridad o reverberación.

Otra modificación importante respecto a la tipología de basílica, es el “transepto” que inicialmente no parece tener demasiado protagonismo, pero con la evolución se convierte en una característica básica. Este consiste en la configuración de un espacio transversal, situado perpendicularmente al eje longitudinal en las inmediaciones de la cabecera. Iglesia_SI

Este transepto se configura como un espacio de proporciones similares a las de la nave principal, cruzando e interrumpiendo las laterales y dando lugar a la conocida configuración de planta de cruz latina en cuanto tiene un desarrollo mayor que el ancho de las otras tres naves. La ejecución del transepto con la altura y proporciones de la nave principal, da lugar a un relativo conflicto de diseño, ya que si se cubren ambas con una bóveda de medio cañón, el cruce de las superficies cilíndricas da lugar a la geometría de una “bóveda por arista”, por lo que en algunos casos se interrumpen ambas para generar una sobreelevación mediante un tambor, trompas o pechinas que dan lugar al crucero, o bien en otros casos como la iglesia de San Isidoro de León, simplemente se hace algo más baja la transversal cruzando el nivel de su clave superior, a la altura del arranque de la principal, con lo que prevalece la geometría longitudinal.

La razón para incorporar este transepto sobre el modelo de basílica, es difícil de determinar, ya que en aquella época no se escribía junto al proyecto, una memoria donde el autor argumentara o explicase las razones del diseño, y bien puede tratarse de razones sobre el significado o de tipo semántico, como la referencia de tipo religioso a la cruz que representa el sacrificio de Jesucristo, pero yo, más bien me inclino por un tipo de razones más pragmáticas, como el hecho de que la nueva configuración, permite incrementar significativamente el “volumen” del recinto, justo en las inmediaciones del altar o el corazón de la iglesia, lo cual evidentemente  redundaría en una mayor “sonoridad” o reverberación, seguramente muy apreciada por aquellos monjes, cuando escuchaban el canto del coro sin megafonía.



2 – SONIDO Y EJEMPLOS

El último día se exponían algunas consideraciones previas sobre la época histórica alrededor del año mil de nuestra era, tratando de argumentar algún tipo de causa o razón verosímil para el surgimiento del estilo románico dentro de la arquitectura, precisamente por esa época.

CSantiago_2bEvidentemente los factores concurrentes pueden ser múltiples y de diversa índole, pero personalmente considero que la gran proliferación de los monasterios, con una vida organizada alrededor de la “oración”, que se hacía con arreglo a las horas canónicas, realizando las correspondientes a las horas nocturnas de forma colectiva y cantada: “maitines”, “laudes”, “vísperas” y “completas”, hace que por un lado surja en esa época el “canto gregoriano”, pero también que se valore y fomente la importancia de las cualidades “acústicas” del recinto arquitectónico donde se entona esa melodía u oración.

LA REVERBERACIÓN DEL SONIDO

También se ha mencionado la ecuación de Sabine sobre acústica, pero sobre todo la importancia fundamental del “TR” o tiempo de reverberación de un recinto cerrado, como la característica fundamental que permite evaluar su comportamiento acústico. Ese tiempo de reverberación se expresa normalmente en segundos, y corresponde a la persistencia del sonido, después de que la fuente sonora haya dejado de emitirlo. Dicho en palabras coloquiales, es el tiempo que tarda en apagarse completamente el sonido o la melodía que estamos oyendo.

Lógicamente si ese tiempo tiene un valor alto, pongamos por ejemplo más de cuatro segundos, un cierto murmullo o cualquier ruido de fondo se pueden hacer bastante molestos, y además la “inteligibilidad” de un orador que pueda estar hablando se reduce notablemente ya que en cada instante estaríamos escuchando no solo la palabra que acaba de pronunciar, sino que además se superponen parcialmente todas las palabras de los cuatro últimos segundos.

En ese sentido hay que recordar las peculiaridades y costumbres de la oratoria, probablemente como una adaptación natural a las contradicciones que representa este fenómeno, ya que por un lado, en un recinto mayor se incrementa el TR favoreciendo una amplificación del sonido que llega mejor a los oyentes, pero por otro lado perjudica la inteligibilidad, por lo que los oradores se han acostumbrado a hablar “alto y pausado”, o también hay quien diría “alto y claro”.

Por otro lado el caso de una melodía musical es completamente diferente, ya que la persistencia del sonido que genera el recinto, contribuye por un lado a reforzar y ampliar el volumen sonoro que se escucha, lo cual en ausencS_Isidoro_2
ia de megafonía es una notable ventaja, pero por otro lado, ante una melodía lenta y pausada como es el canto gregoriano, la perdida de inteligibilidad es básicamente irrelevante, por lo que resulta bastante lógico que en la construcción de los monasterios se tratara de conseguir un recinto del mayor volumen posible, y por otra parte el valor o mérito de haber construido un recinto mayor, resultaba indiscutiblemente reconocido por cualquiera que escuchase, el canto de un coro en su interior.

Evidentemente respecto a nuestra experiencia cotidiana, deberíamos tratar de descontar un elemento novedoso que se añade en el siglo XX como es la “megafonía” a la que estamos habituados en las salas de cine, y también en la mayoría de salas de conferencias donde tiene que hablar en público cualquier orador. Esa megafonía supone que los niveles del sonido se hacen artificialmente “altos” y el efecto relativo de la persistencia acústica que representa el TR, se diluye considerablemente. Por otro lado el incremento de superficies absorbentes, como la ocupación o presencia de personas, el tapizado de las butacas o los cortinajes, tapices y moquetas, contribuyen a reducir ese valor en los recintos grandes, y como también hemos perdido la costumbre de escuchar tanto la música como la palabra en directo sin megafonía, nos resulta relativamente extraña la experiencia directa sobre esa característica de un recinto.

LA LISTA DE EJEMPLOS

Cuando se quiere establecer una relación de ejemplos sobre edificios románicos, enseguida surge la catedral de Santiago de Compostela, aunque realmente la imagen habitual que se visualiza, corresponde a su fachada principal flanqueada por dos altas torres, que sin embargo no tiene nada que ver con el estilo románico, ya que estas se añaden en fechas muy posteriores que ya corresponden al estilo barroco. S_Isidoro_3

El interior de la catedral sin embargo, sigue conservando la estructura y configuración originales de un edificio románico, que además constituye probablemente uno de los ejemplos más claros, además de ser uno de los mayores por tamaño interior o volumen del recinto. Otros dos ejemplos emblemáticos están constituidos por la colegiata de San Isidoro en León y la Iglesia de San Martín de Frómista.

En el caso de la colegiata, también hay que decir que su configuración es una de las más características en cuanto al estilo, pero a su vez incorpora algunas modificaciones posteriores, que naturalmente difieren de los patrones iniciales del estilo románico.

Esas modificaciones son por un lado, la sustitución del ábside central que corresponde al altar mayor, por un cuerpo de edificación más desarrollado que se realiza con patrones del gótico posterior, y probablemente responde a la necesidad práctica de ampliar el espacio en torno al altar, para alojar los sitiales del coro, o bien un emplazamiento privilegiado para autoridades políticas, ya que esta es la iglesia vinculada a los “Reyes de León” que también tiene el conocido “panteón” a los pies de la misma.

La otra modificación corresponde a una época posterior, entre renacimiento y barroco, que consiste en la incorporación de un segundo nivel en los tres últimos espacios de la nave central, justo a la altura de las bóvedas laterales mediante unos grandes arcos rebajados, que permiten situar un nuevo “coro elevado” a los pies de la iglesia, probablemente por el reducido espacio disponible en el emplazamiento gótico junto al altar. Además se añade sobre la puerta de entrada que se encuentra en la fachada lateral, unos elementos ornamentales configurados por un gran escudo y una balaustrada de coronación, que distorsionan en cierta medida la imagen general de este edificio, con respecto a  las pautas originales del estilo románico.

En el caso de San Martín de Frómista, probablemente las circunstancias sean las contrarias, ya que en la primera parte del siglo XX la iglesia se encuentra semiderruida, y cuando se procede a la restauración completa, se “reinterpretan” algunos elementos, por lo que aunque la composición y el diseño son perfectamente rigurosos con el estilo románico, posiblemente no fuera exactamente este, su aspecto original. Fromista_1

Además de los tres ejemplos mencionados, la elaboración de una lista de ejemplos románicos podría ser muy larga, y naturalmente desborda el alcance de una página como esta, no obstante para tener una idea cabal, sobre la tremenda proliferación de edificios durante esta época, así como su extensión geográfica, se considera más práctico incluir algunos enlaces a otras páginas más especializadas, que incluyen recopilaciones mucho más sistemáticas y completas.

  • MAPA INTERACTIVODEL ROMANICO. Se trata de una página referida solo al ámbito de España, pero su navegación está configurado mediante una estructura de mapas que facilitan una idea muy clara de las ubicaciones geográficas, destacando la notable frecuencia de emplazamientos en las provincias de Palencia y Navarra.
  • AMIGOSDEL ROMANICO. En este caso se trata de una página que recopila un “Inventario Románico” particularmente exhaustivo y extendido a toda Europa. Aunque normalmente solo identifica los edificios y elementos con unas pocas imágenes, contiene un repertorio de bibliografía de publicaciones, que permite localizar y/o profundizar fácilmente en el conocimiento de cualquier edificio.
  • ARTEGUIAS> Arquitectura ROMANICA. Se trata de una página muy completa referida no solo al románico sino a todo el arte de la Edad Media. La página esta bien estructurada por temas y secciones y contiene referencias diferenciadas para arquitectura románica, monasterios, Camino de Santiago etc.
Nota: Las imágenes y referencias que acompañan al artículo se han recopilado desde internet  por medio de Google, y son propiedad de sus respectivos autores.

1 – ANTECEDENTES

Cuando se evocan referencias de arquitectura dentro de los periodos históricos denominados “románico” y “gótico”, enseguida surge la referencia del Camino de Santiago en la época medieval, cuando a lo largo de ese itinerario se van construyendo una serie de monasterios, iglesias, y catedrales, con unas pautas de estilo y construcción, que ponen de manifiesto la  transmisión del conocimiento a lo largo del propio camino y también una identidad cultural con rasgos comunes.

Si se quieren sintetizar las principales características del estilo románico, parec475px-Planta_SdPe oportuno citar un repertorio de iglesias y edificios representativos, cuyas imágenes resulten conocidas en general, y de esa forma establecer referencias más detalladas y concretas respecto a los elementos que lo caracterizan.

REFERENCIAS

Antes de citar una relación de ejemplos, considerando que los estilos románico y gótico, se suceden en el tiempo por ese orden, cabría revisar también la época inmediatamente anterior, con el fin de identificar posibles pautas o claves que permitan entender mejor la aparición y evolución entre los diferentes estilos, pero sin embargo cuando tratamos de recopilar ejemplos anteriores al románico, nos damos cuenta que resultan significativamente más escasos.

Teniendo en cuenta que el románico se extiende históricamente entre los siglos XI, XII y la primera mitad del XIII, y el gótico desde la segunda mitad del XIII hasta mediados del siglo XV o incluso el XVI dependiendo de la transición al Renacimiento en cada zona geográfica, habría que remontarse al menos dos o tres siglos por delante del XI para cubrir una extensión temporal equivalente a cada uno de estos dos periodos. Sin embargo cuando estudiamos, las referencias en la arquitectura de la época, normalmente se engloba una extensión temporal que comprende desde la caída del imperio romano en el siglo VI, hasta el siglo XI. Unos cinco siglos que se identifican habitualmente como “alta edad media”, que incluye desde el arte visigodo al mozárabe pasando también por el prerrománico.

Dentro de este periodo llama enseguida la atención, que el número de ejemplos de arquitectura resulta demasiado escaso en comparación con el románico o el gótico, a pesar de doblar la duración en el tiempo. Por otra parte los ejemplos de edificios también resultan llamativamente más pequeños y de mucha menor entidad, como Santa María del Naranco, San Miguel de Lillo, Santiago de Peñalba, San Miguel de Escalada, San Baudilio de Berlanga, etc.

Esta consideración, invita a pensar que probablemente los cambios producidos en toda la sociedad europea y particularmente en la península, alrededor del año 1.000, son mucho más profundos y decisivos de lo que estamos habituados a considerar, o lo que representa la anécdota de las “cruzadas”. De hecho durante el siglo X se desarrollan en la península, casi todos los ejemplos de la arquitectura mozárabe que es más relevante en cuanto magnitud y extensión que los cuatro siglos anteriores, sexto a noveno.

LOS CAMBIOS

Uno de los elementos que parece oportuno destacar, es una decisión de la iglesia católica que se produce en esa época, y es la de unificar todos los ritos religiosos, adoptando como idioma único el “latín” que aún es conocido y manejado con soltura por mucha gente, y contribuye de esa forma a facilitar una comunicación a lo largo de toda Europa, ya que los ritos religiosos y el latín, resultan familiares y comunes para cualquier persona que pueda desplazarse desde Francia o el centro de Europa hasta los confines de Galicia, donde en esa época se dice haber localizado la tumba del apóstol.800px-20060630-Oviedo_Santa_Maria_del_Naranco

Otro elemento a considerar es el surgimiento y proliferación de la vida monástica, con el ejemplo de los benedictinos o la orden del Císter, que se inspira y hace suyo el tipo de vida propuesto por la regla de San Gregorio en el siglo V, basada en la reclusión monástica y el rezo frecuente, que se realiza con arreglo a las horas canónicas, (maitines, laudes, tercia, sexta, nona, vísperas y completas), siendo normalmente el de las horas nocturnas “cantado” por toda la congregación en coro.

De acuerdo con estas consideraciones, parece oportuno pensar que en esa época de la historia, surgen nuevos cambios, como la peregrinación a Santiago de Compostela, probablemente basada en profundas inquietudes personales de aquellas gentes, que se apoyaba por un lado en la gran satisfacción personal y espiritual del esfuerzo constante y cotidiano, encaminado a una meta u objetivo final nítidamente claro, que además es amparado y auxiliado con frecuencia por los monasterios que jalonan el camino, junto a un incremento del desapego hacia una autoridad representada por unas élites políticas demasiado obsesionadas en la utópica, y absurda empresa de las “cruzadas”.

En ese contexto resultaría bastante habitual que la comunicación de inquietudes, facilitada por el uso del latín y los nuevos movimientos de la gente, contribuyera a adoptar soluciones comunes en respuesta a problemas comunes, con independencia de la ubicación geográfica, como los relacionados con el canto y la construcción de edificios. Estas dos referencias se encuentran tanto en la base del “canto gregoriano” como del estilo “románico”, que en ambos casos surgen por esa época, alrededor de la vida cotidiana dentro de los monasterios.

MÚSICA Y ARQUITECTURA  >  ACÚSTICA

La relación entre la música o el canto coral y la construcción de 800px-San_Miguel_de_Lillo-Oviedoedificios, aunque en un primer momento puedan parecer incongruentes, si se analizan con algo más de cuidado, tienen una gran relación entre sí, ya que el canto coral se realiza habitualmente dentro del “recinto” configurado por un edificio concreto, y son precisamente sus cualidades y propiedades “acústicas”, las que influyen de manera determinante, en la percepción de la música y la melodía resultantes por cualquier observador, o por los mismos protagonistas.

Aunque en aquella época las ideas y conceptos físicos sobre el sonido y la acústica, fuesen rudimentarios o inexistentes, evidentemente no lo era la percepción de los resultados, como nos muestra todo el conocimiento histórico sobre música y canto gregoriano, sin olvidar que la primera “partitura” o anotación de una melodía que llega hasta nosotros es precisamente el “Antifonario” de la catedral de León.

En relación con las propiedades acústicas, es ya hacia finales del siglo XIX, cuando un profesor universitario americano, Wallace Clement Sabine, mediante diversas mediciones y experimentos dentro de varios auditorios y salas de conciertos, establece el concepto actual de “tiempo de reverberación” (TR) para un recinto arquitectónico, como característica básica y fundamental de sus propiedades acústicas, junto con la conocida ecuación: [ TR = 0,161 * V / A ].

Aunque esa ecuación tenga una expresión sencilla, para explicar el concepto de TR, normalmente se hace referencia a los niveles del sonido mediante logaritmos, por lo que para muchas personas, eso siempre son cosas de gente rara. No obstante si se quiere entender con claridad lo que representa TR, yo recomiendo acudir a la Wikipedia, donde en la entrada correspondiente a “tiempo de reverberación” se encuentra un pequeño “plugin” que cuando se activa, el ordenador emite un sonido de ejemplo con tiempos progresivamente mayores, lo que permite hacerse una idea muy clara e intuitiva de lo que representa este parámetro, pero sobre todo de la tremenda influencia que debería tener sobre la “audición” de un coro cantando en gregoriano.

SanBaudilioBPara explicar de forma coloquial lo que representa TR, hay que decir que se trata de una especie de “refuerzo” o “persistencia” del sonido que se escucha en cualquier recinto cerrado, y está causado por el mismo sonido, al reflejarse de forma múltiple y sucesiva en suelo, paredes y techo. El valor de TR, de acuerdo con la expresión de Sabine, es directamente proporcional al volumen del recinto (V), y de manera inversa a la superficie de absorción (A). Esa superficie de absorción  está constituida por los materiales “blandos” que son los que tienen la capacidad para absorber el sonido, como la gente con su ropa (ocupación), o los tapices y cortinajes, sin olvidar los huecos abiertos, ya que normalmente el suelo, paredes y techo, si son de piedra, cristal, madera o yeso, resultan demasiado rígidos para tener una absorción apreciable o significativa.

Cuando en los comienzos del siglo XI, aquellas gentes se dedican a construir nuevos monasterios e iglesias, naturalmente no conocen nada de esto, pero sin embargo son perfectamente capaces de relacionar las diferencias al escuchar el canto de un coro, con el volumen del recinto donde se escucha, y probablemente se inicia una relativa carrera o competencia, por tratar de construir un edificio o recinto con el mayor VOLUMEN posible, que permita escuchar la melodía cantada con el mayor refuerzo acústico o REVEBERACION, ya que tampoco disponían en aquella época, de ningún otro sistema de megafonía.

Nota: Las imágenes y referencias que acompañan al artículo se han recopilado desde internet  por medio de Google, y son propiedad de sus respectivos autores.