SIETE.2

ROMÁNICO, GÓTICO y CANTO GREGORIANO

PROLOGO

En los siete capítulos que siguen, se esboza una idea de carácter personal, en relación al origen y evolución de los estilos arquitectónicos, conocidos históricamente como “Románico y Gótico”. La idea central que desarrollan, se basa por un lado en los conocimientos profesionales como arquitecto, pero también se debe a una pretensión de llegar a establecer conclusiones verosímiles, sobre algunos aspectos de las circunstancias y el momento histórico, en los que se desarrolla esta arquitectura.

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Con el fin de aclarar a qué me refiero con esos “aspectos y circunstancias”, me gustaría destacar que los conocimientos que se transmiten habitualmente, sobre esta materia, responden a un esquema de carácter “histórico” que por tanto se apoya en hechos contrastados objetivamente, como son naturalmente los propios edificios, pero también otras referencias y relaciones documentadas que pueden acreditar un desarrollo temporal de acontecimientos, que luego se estructura de una forma ordenada a través de la disciplina de la “Historia”. Posteriormente con esos conocimientos recopilados, se elabora una síntesis ordenada que es la que se formula y transmite de forma didáctica, pero naturalmente en base a un consenso o acuerdo general de carácter académico, respecto al contenido.

Dentro de este esquema “histórico”, el margen para establecer unas causas y motivos sobre los acontecimientos, bordea enseguida los límites de la propia disciplina de la “Historia”, ya que se empiezan a hacer interpretaciones claramente “subjetivas”, susceptibles de contener sesgos interesados, que con cierta frecuencia son de índole política o proselitista, como han puesto de manifiesto durante los años recientes los nacionalismos u otros tipos de localismo más o menos paleto. En cualquier caso esa parte “interpretada” sobre los acontecimientos, facilita considerablemente una síntesis mucho más didáctica, porque añade una estructura con cierta coherencia sobre unos acontecimientos escuetos, que los hace más fáciles de relacionar, evocar y en última instancia, asimilar.

Volviendo al campo de la historia de la arquitectura, los estilos románico y gótico, se han establecido de forma académica, como capítulos claramente separados, ya que presentan unas características en cuanto a sus propias formas y estética, muy diferentes entre sí. No obstante el desarrollo temporal de ambos estilos es consecutivo, ya que el románico se desarrolla desde los comienzos del siglo XI, alrededor del año 1.000, hasta la segunda mitad del XII, entre los años 1.150 a 1.200. El gótico, comienza a manifestarse a mediados del XII y se prolonga hasta bien entrados los siglos XV y XVI, dependiendo bastante de cada zona geográfica, y sobre todo de la mayor o menor rapidez con la que se implantan las nuevas ideas del “Renacimiento”.

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Ese esquema histórico, presupone implícitamente que los cambios entre un estilo y otro, a la hora de construir nuevos edificios, se basarían en una evolución natural de la propia sociedad. Estamos en la época de la baja edad media, con unos niveles bastante notables de prosperidad y desarrollo social, que generan la aparición de los “burgos” como nuevos asentamientos urbanos dentro de las ciudades y los “gremios” dentro de la organización social de su población.

De acuerdo con este esquema, que podríamos llamar “académico”, los cambios de estilo en la construcción de los nuevos edificios, deberían tener su origen, en una forma diferente o evolucionada, de entender el propio edificio que se quiere construir, y por tanto la utilidad del mismo o incluso su “representatividad”, lo cual daría lugar supuestamente, a que los maestros constructores (arquitectos de la época), o bien los promotores de los edificios, como cabildos eclesiásticos, nobleza o incluso las monarquías, pensaran, dibujaran, diseñaran o bien planificaran un repertorio de “formas” completamente distinto del anterior. No hay más que evocar la diferencia entre los arcos ojivales del gótico y los de medio punto del románico, o bien las ligeras bóvedas de nervios, respecto a las pesadas de medio cañón.

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Dentro de este esquema histórico de carácter general, me gustaría llamar la atención sobre algunas contradicciones aparentes y otras circunstancias destacables, que a mí personalmente me han servido para hilvanar la línea argumental tan poco “académica” que voy a desarrollar en los siguientes capítulos.

  1. En primer lugar quiero destacar la enorme diferencia que hay entre el número de edificios que se construyen en esta época, con respecto al periodo inmediatamente anterior. En la etapa histórica que va del siglo sexto al décimo, en un ámbito como España, apenas se pueden contar poco más de una docena de edificios, y sin embargo en el periodo románico que apenas cubre dos siglos, o sea la mitad de tiempo, se cuentan por centenares solo en la mitad norte de la península, y aunque ampliásemos el marco territorial a toda Europa, esa proporción se mantiene igualmente.
  2. También quiero mencionar la contradicción aparente que supone la presencia simultánea de las dos catedrales de Salamanca. Se trata de dos edificios completos, perfectamente acabados y colindantes que de hecho comparten uno de sus muros laterales, además de la torre del campanario. Se identifica la primera como “la vieja”, románica y pequeña, y la segunda como “la nueva”, gótica y enorme. Llama la atención el hecho de que no hayan tenido ningún procedimiento de sustitución o reemplazo, no solo con la demolición del antiguo edificio que podría haberse mantenido por su propio valor y calidad intrínseca, sino tampoco al nivel simbólico de su propia “denominación”, como cabría esperar si las catedrales fueran edificios concebidos y realizados con una función primordial de “representatividad”, vinculada a un cierto nivel de autoridad o jerarquía eclesiástica, tal como se manifiesta frecuentemente desde la formulación académica de la historia.
  3. ConjuntoLa mezquita de Córdoba constituye otra referencia muy singular, ya que la ciudad de Córdoba es reconquistada y ocupada a mediados del siglo trece por las tropas del rey de Castilla, poco después de la batalla de las Navas de Tolosa que marca el punto de inflexión en el declive del poder musulmán sobre la península. Ese edificio actualmente alberga la catedral de Córdoba, pero la edificación que identificamos como tal, no se construye hasta bien entrado el siglo quince, lo que supone un intervalo de doscientos años al menos, desde que los “cristianos” ocupan y comienzan a utilizar esta mezquita como “catedral”, hasta que abordan la construcción de un edificio específico, el cual en todo caso queda perfectamente integrado y en continuidad física con el resto del recinto. La nueva construcción solo altera algunos módulos centrales, para ubicar los alojamientos del “coro” y el “altar mayor”, y reemplaza algunos soportes con los muros necesarios para sostener el sistema de arcos y bóvedas que configuran los volúmenes de la edificación añadida, incrementando notablemente la altura del recinto en esa parte.BovedaNervios_1
  4. También hay otras circunstancias en el comienzo de esta etapa, hacia finales del siglo X, que quiero destacar, ya que pienso que tienen una incidencia notable. Una de ellas es la gran proliferación en esta época de monasterios y abadías, formados por “órdenes religiosas” que se apoyan en la regla de San Gregorio resumida en la conocida frase “ora et labora”, que da lugar a una organización peculiar de la vida cotidiana dentro del monasterio, estableciendo los “momentos de oración” con arreglo a los intervalos de las horas canónicas, que se hacen siete veces a lo largo del día de forma sistemática. Conjuntamente con estos nuevos monasterios y probablemente a través de una sinergia mutua muy acusada, se configura el Camino de Santiago como una peregrinación espontánea y numerosa de gente común, hasta la tumba del apóstol, cuyo descubrimiento localizado en esa época, genera una tráfico más o menos continuo de peregrinos, que buscan albergue en los monasterios y estos a su vez, adoptan entre sus funciones primordiales, la ayuda y protección de esos peregrinos.
  5. Finalmente quiero mencionar también el “Canto Gregoriano”, como una pieza básica en el origen de la música que hoy conocemos. El estudio de la música como referencia histórica, y no como interpretación de conservatorio, se desarrolla en las facultades de historia, y tiene el origen de todas sus referencias documentadas, precisamente en el “canto gregoriano” desarrollado en la época que nos ocupa. De hecho la primera “partitura” conocida en el mundo, es precisamente el “Antifonario” de la catedral de León. Cualquier conocimiento sobre música de épocas anteriores a esta, se basa en deducciones o referencias indirectas, ya que las “melodías” son completamente desconocidas, salvo los casos de música popular de transmisión oral, aunque esta parte se mueve más en el terreno de la “etnografía”, siempre con cierta incertidumbre sobre su propia evolución a lo largo del tiempo.                            Desde luego queda claro, y es precisamente lo que me parece más destacable, el “papel primordial” que juegan la melodía musical y el canto en esa época, que produce un repertorio de melodías y composiciones notablemente prolijo, y por supuesto el desarrollo o “invento” de un sistema particular de “anotaciones”, de tal forma que una misma “melodía” resulta perfectamente legible para otra persona diferente del que la concibe o imagina inicialmente, y también puede ser fácilmente “transmitida” a terceras personas o  lugares alejados, sin la necesidad de trasladar a un intérprete directo que la conozca previamente.

A continuación el conjunto de enlaces con los capítulos:

  1. ANTECEDENTES
  2. SONIDO Y EJEMPLOS
  3. EL DISEÑO
  4. LA CONSTRUCCIÓN
  5. REVERBERACIÓN Y NERVIOS
  6. LOS GRANDES EDIFICIOS
  7. INTEGRALES Y DERIVADAS

EPÍLOGO

Como conclusión de las ideas mostradas en estos siete capítulos, quiero destacar en primer lugar, que esas diferencias tan acusadas entre el aspecto o las formas de los edificios “Románicos” con respecto a los “Góticos”, en mi propia opinión son completamente circunstanciales, ya que están derivadas de los cambios adoptados en los sistemas constructivos, que en un determinado momento sirven para resolver un problema de carácter “técnico”, al permitir la construcción de edificios con un volumen mucho mayor. Ese incremento cualitativo en el volumen del recinto construido, es lo que constituye la verdadera motivación básica, intencionadamente buscada por sus propiedades acústicas y funcionales, pero en ningún caso por razones de tipo estético que quisieran conseguir una determinada expresividad o evocación mediante un repertorio de formas nuevas en los edificios.

Catedrales de ejemplo
Catedrales de ejemplo

En segundo lugar me gustaría destacar que se trata de edificios netamente “funcionales”, construidos expresamente para “cantar”, y constituyen la primera generación de auditorios musicales de unas características insólitas e inigualables, que tampoco han sido construidos o concebidos en función de ningún “simbolismo o representatividad” ya sea de tipo jerárquico o religioso. Evidentemente hay que reconocer que alrededor de ellos, se ha ido desarrollado y ordenando una estructura organizativa, jerárquica y representativa, como acreditan las figuras del “maestro de capilla”, los “seises” de Sevilla, o niños cantores en otras catedrales, pero en mi opinión eso constituye un añadido posterior, basado en la tremenda singularidad y funcionalidad de las catedrales como “auditorios” para el canto gregoriano o la música sacra, y además con una calidad excepcional, pero no al revés.


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